Al amanecer en Puno, tres campesinos indígenas avanzan entre las totoras mientras un velo de humo se arrastra sobre el agua fría. Preparan la tierra para el nuevo ciclo: limpian el rastrojo, bendicen el suelo y marcan el ritmo de la temporada que viene. Detrás, las lomas en terrazas y el pueblo quieto observan en silencio. Trabajo y rito se confunden por un momento: la vida del altiplano vuelve a empezar.