LOS VOLADORES DEL AGUA, de la Etnia de los Totonacas en México, se remonta a una época prehispánica marcada por una gran sequía, donde un grupo de sabios encomendó a jóvenes vírgenes realizar una danza en lo alto de un árbol para pedir la lluvia a los dioses. Es una ceremonia, que simboliza la fertilidad y la conexión entre el cielo, la tierra, el agua y cada giro de los danzantes en el aire simboliza un ciclo calendárico de llegada de las lluvias.