La práctica ancestral de Siembra y Cosecha de Agua de Lluvia, llamada Yaku Waqaychay en la cosmovisión andina, surge como una respuesta sostenible frente a la creciente escasez hídrica causada por el retroceso glaciar y la variabilidad climática en los Andes del sur del Perú. Esta práctica, sistematizada por las hermanas Machaca Mendieta y la Asociación Bartolomé Aripaylla, concibe el agua (Yaku) como un ser vivo que debe ser “criado” mediante cuidado, reciprocidad y ritualidad, en contraposición a la visión occidental de explotación del recurso. La técnica consiste en identificar depresiones naturales en cabeceras de cuenca y construir qochas o lagunas altoandinas utilizando materiales locales como piedra, tierra e ichu, permitiendo almacenar agua de lluvia e infiltrarla hacia los acuíferos, lo que recupera manantiales y bofedales en épocas de sequía. Los resultados son significativos: más de 200 qochas construidas, 180 millones de m³ de agua almacenada y el retorno de más de 200 ojos de agua, asegurando agua todo el año, incluso en estiaje. Este proceso ha fortalecido la seguridad alimentaria, la producción agropecuaria, la regeneración ecológica y ha potenciado el liderazgo femenino en la gestión comunitaria del agua. Además, el modelo se reconoce como una Solución Basada en la Naturaleza (SbN) replicable, viable y de bajo costo, con impactos comprobados en adaptación al cambio climático y equidad de género, constituyendo un ejemplo vivo de innovación biocultural con relevancia estratégica para políticas de resiliencia hídrica.